Mi única libertad es morir
amandote. ¿Jodido? ...
Hacía rato que no estaba en un estado de sobriedad absoluta con la vista y la garganta. Mi cuerpo se acostumbró a gritar suavemente palabras difíciles, esas que mucho tiempo uno puede vivir sin usarlas y de golpe se convierte en la frase que más se disfruta de decir. Pero a veces hay que gritarla. A veces el cariño, la dulzura y las pelotudeces no alcanzan para hacerle entender al otro aquello que queremos que sepa.
Realmente no me importa más qué se pueda pensar de alguna u otra cosa. Ponerte tonto y empezar a decir delicadamente ciertas cosas que uno siente es aceptable, pero hasta cierto punto. Recuerdo aquella propaganda que decia algo asi como cortemos con la dulzura...también me rio cuando otra dice que necesitamos menos críticos. Si es verdad, cortemos con los criticos y necesitamos menos dulzura... Y más violencia en el amor..
Ah que, ¿no quería decir eso? ...
Tuve unas 300 charlas con mi querido café. Me senté 450 tardes a hablarle a mi nube preferida, y puedo confesarles que amo hacerlo. Pero las palabrotas y los insultos son parte de mi lengua.. son parte de mi amor. Y puede que muchas noches abraze a la amohada pensando en que es un cuerpo, que lea en la pared o en la madera mensajes que me han dejado manchados por el tiempo, borrados por mis dedos, mis broncas mis lágrimas; pero hay algo que no puedo evitar a pesar de toda esa
¿dulzura?...
Es gritarle cerca de la boca, de esos labios que casi me meto dentro de ella.. cerca de su piel, mirándole a los ojos, casi durmiendo sobre ellos, mientras tomo sus manos que tienen el frío del rocío matinal... sintiendo ese temor, ese temblor similar al de la corteza terrestre cuando las placas tectónicas se acomodan... terremotos.. si!!, esos.. cuando el cuerpo tiembla, cuando se nos mueve el piso y sentimos que tenemos latiendo el corazón en la garganta, junto con las cuerdas vocales;
parecería que es una taquicardia aguda que hasta vergüenza da, pero bien que nos calienta, que nos exalta, que me derrite de a poco y que hace que mi respiración se torne débilmente violenta... entrecortada, la cual me provoca hablarle despacio,
casi en voz baja... tan baja que no puede escucharme...
Entonces abro bien mi boca, le aprieto fuerte la espalda con mis manos, mis uñas que le rozan la piel se clavan en ellas y frunzo mi frente...
Y me acerco más y más a su boca...
más y un poco más...
hasta entender que no puedo ir más alla, que no hay más que su piel,
su interior, sus entrañas, y todo se vuelve rojo, intenso, rojo, intenso..
Y quiero gritarle
Y quiero gritarte
y todo es rojo, intenso, rojo intenso... (el latido mi amor)
El piso se torna negro, el agujero de la nada se expande en mi, en él..
y el café se derrama,
afuera llueve sin nubes, y el pasto crece en el cemento
y en las manos de los idiotas. Todo es posible asi, violentamente,
todo cerca, todo rojo..
Y él se cae, él se muere
Él se sonrie y se ahoga, y yo quiero gritarle y todavía no es el momento...
Y el vuelve a morir conmigo, vuelve a sonreirse y es él ahora quien quiere meterse en mi boca. Y me grita antes de que yo logre hacerlo, me aprieta tan fuerte que siento sus manos acariciarme los pulmones. Y la piel se confunde, afuera llueve más, adentro mío hay sangre.
Y soy yo quien muero, quien me ahogo..
En el momento preciso en el que él quiere decirme algo,
es el momento de darle un beso violento,
de esos que te dejan sangrando la boca..
Y lo cayo.
En el momento perfectamente imperfecto,
durante ese tiempo sin relojes, lo tomo de mi mano y nos tiro al mar.
Nos lleva lejos de la costa, lejos de los barcos hundidos prendidos fuego,
lejos de las sirenas prostitutas y de los marineros muertos baleados por los grandes peces..
Lejos, lejos estamos, cerca, cerca te tengo y te mato,
lentamente...
Sos un hijo de puta y
[te amo] Hasta en los más mínimos insultos
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